El BCE enfrenta una prueba de credibilidad


El Banco Central Europeo (BCE), que sigue empeñado en restaurar su reputación después de los abruptos cambios de dirección del año pasado, enfrentará una prueba de credibilidad en las próximas semanas si se ve obligado a marginar a los bancos griegos de su línea de crédito.
El tema central en juego es si las propuestas para reestructurar la deuda griega que están siendo analizadas por los gobiernos y el sector privado serán consideradas como una cesación de pagos por parte de las calificadoras de riesgo. El propio BCE, que es encabezado por Jean-Claude Trichet, ha advertido que si eso ocurre, no se podrá utilizar la deuda griega como aval de los préstamos del BCE que son cruciales para los bancos del país.
Si el BCE decide nuevamente cambiar de rumbo para salvar a los bancos griegos, perjudicaría su reputación y su imagen de independencia de las presiones políticas aun más que en meses pasados, cuando los giros sobre las exigencias de garantías para los préstamos y la compra de bonos soberanos perjudicaron su imagen, señalan los analistas.
"Cuando se producen estos giros de 180 grados, se generan dudas acerca de las acciones del BCE", indica Raoul Ruparel, analista del centro de estudios londinense Open Europe. "La gente nunca se va a olvidar de aquello".
Los funcionarios del BCE tienen muy poco margen de maniobra en el caso de Grecia y han dicho que sus normas prohíben que acepten bonos del gobierno griego como garantía bajo una cesación de pagos, algo que causaría estragos en la economía griega y amenazaría al resto de Europa.
El BCE tiene razones para aferrarse a su postura, al menos por ahora. Su balance bordea los 2 billones de euros (millones de millones), el nivel más alto en lo que va del año y una cifra que incluye unos 70.000 millones de euros en bonos de los gobiernos de las economías más débiles de la zona euro. El BCE no desglosa los números, pero los economistas estiman que la deuda griega ronda los 40.000 millones de euros. Además, el organismo posee decenas de miles de millones de euros como aval de los préstamos otorgados a los bancos comerciales griegos, cuyo valor podría derrumbarse en caso de que el país caiga en una cesación de pagos.
El BCE ha insistido durante semanas que una combinación de austeridad y privatizaciones es el mejor curso de acción para Grecia. Aunque algunos funcionarios han expresado su apoyo a la participación del sector privado en una solución, consideran que el debate es una distracción.
La imagen de independencia del banco central se vio fortalecida luego de que el BCE ganara un enfrentamiento público con algunos gobiernos de la zona euro, encabezados por Alemania, que querían extender los vencimientos de los bonos griegos en manos del sector privado, un escenario que casi con certeza hubiese desembocado en una cesación de pagos. Alemania dio marcha atrás y dijo que sólo respaldaría un acuerdo sobre la deuda griega con los bancos si contaba con el visto bueno del BCE.
Un cambio de rumbo ahora anularía estos y otros avances logrados por el BCE para restaurar la credibilidad perdida en mayo pasado, cuando anunció la compra de bonos griegos cuatro días después de decir que la idea ni siquiera estaba en consideración. Esta decisión generó fricción con Alemania, donde se interpretó como una peligrosa transgresión de las fronteras entre la política monetaria y fiscal que amenazaba la estabilidad y la independencia del BCE.
"Los bancos centrales no debieran involucrarse muy a fondo en la gestión de una crisis que claramente es un tema fiscal… entonces el banco central pierde su independencia", al ser parte de "acuerdos políticos", manifestó el ex presidente del Bundesbank, Axel Weber, en una reciente entrevista.

Columnista Wall Street Journal *

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