La salvación de la eurozona

 Por Paul Krugman


Jeremy Siegel, catedrático de finanzas de la Wharton School, perteneciente a la Universidad de Pensilvania, se hace eco en una tribuna publicada en Financial Times de gran parte de lo que algunos de nosotros llevamos años diciendo sobre la inviabilidad de la devaluación interna, pero a renglón seguido añade que la respuesta es la devaluación del euro en su conjunto.
Ejem, ¿contra quién?
Me refiero a que Estados Unidos y Japón no son precisamente baluartes de poderío económico, fácilmente capaces de proporcionar la demanda que le falta a Europa. Eso deja como única respuesta a los mercados emergentes. Y mientras que yo y otros llevamos años defendiendo que se ponga fin a la manipulación monetaria china, China a estas alturas (a) no parece muy fuerte y (b) no tiene tanto peso –todavía- en la economía mundial.
Más en general, Europa en su conjunto, al igual que Estados Unidos, sigue siendo una economía relativamente cerrada. Su salvación debe ser básicamente interna. Ahora bien, si “devaluación” es una palabra en clave que significa aumentar el objetivo de inflación, entonces bueno.

 La última vez que tuve oportunidad de escuchar al fallecido economista James Tobin, dio una charla en la que afirmó bromeando que, por lo que él sabía, todas las principales divisas del mundo necesitaban devaluarse respecto a las demás. Esta es una de esas ocasiones, y lo que esto nos dice en realidad es que necesitamos estímulos fiscales y monetarios.
Acabo de ver, y ahora no puede encontrar, una comparación entre la posición de Alemania y la de la periferia europea ahora y la posición de Estados Unidos frente a la de las naciones europeas con deudas de guerra después de la Primera Guerra Mundial. En cualquier caso, guardan un gran parecido. Leído en los Ensayos de Persuasión de John Maynard Keynes: "En última instancia, y probablemente en breve, deberá producirse un reajuste de la balanza de exportaciones e importaciones. Estados Unidos debe comprar más y vender menos. Esta es la única alternativa para que haga a Europa un regalo anual", escribía el economista en 1921. "O bien los precios estadounidenses deben aumentar más rápido que los europeos (que será el caso si la junta de la Reserva Federal permite que la afluencia de oro produzca sus consecuencias naturales) o, a falta de esto, hay que conseguir el mismo resultado mediante una nueva depreciación de los tipos de cambio europeos, hasta que Europa, debido a su incapacidad para comprar, haya reducido sus compras a los artículos de primera necesidad".
Keynes habla a continuación de la insensatez de la política estadounidense, que exigía simultáneamente que los europeos pagaran a tocateja, a la vez que les negaba la capacidad de exportar lo suficiente para poder hacer esos pagos. De modo que en esto también estamos repitiendo errores antiguos. Pero ¿por qué no aprende nadie?

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