¿Saben algo de economía en el FMI?

  





Por Marco Antonio Moreno
BLOG SALMON



En agosto de 2008, un mes antes de la quiebra de Lehman Brothers, y cuando Estados Unidos ya había salido al rescate de Bear Stearns, Fannie Mae y Freddie Mac, el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard se despachó un documento sobre El estado de la Macro (es decir, sobre el estado de la macroeconomía y el estudio de los grandes problemas como las crisis y las recesiones) en el cual concluía que “el estado de la macro es saludable”. Blanchard señalaba que las batallas de antaño habían terminado y que “se había llegado a una amplia convergencia de visiones”, en la cual los problemas económicos estaban bajo control y “los problemas centrales para la prevención de las depresiones económicas habían sido resueltos”.

Tras la explosión de los años 70 ha habido una gran convergencia. Si bien durante un tiempo muy largo el terreno se pareció a un campo de batalla, en el cual los investigadores se abrieron en diferentes direcciones y muchos se ignoraron mutuamente… se ha llegado a un enfoque compartido y este enfoque ha surgido de la destrucción de cierto conocimiento erróneo. El estado de la macro es bueno”

Parte del conocimiento erróneo destruido al que se refiere Blanchard, fue fruto de la reconstrucción de los nuevos clásicos, como Robert Lucas, que en 1978 lanzaba su teoría de las expectativas racionales. Como señala Blanchard en su documento, Lucas no anduvo con rodeos:
Que las predicciones de la economía keynesiana han sido extremadamente incorrectas, y que la doctrina en que esas ideas se basan era radicalmente defectuosa, son ahora cuestiones simples y ya no admiten sutilezas en la teoría económica… Este nuevo proceso que iniciamos involucrará necesariamente la reapertura de problemas básicos en economía monetaria que se han considerados cerrados a partir de los años 30, y la reevaluación de cada aspecto dentro del cual se formula la política fiscal y monetaria

Con este golpe teórico comandado por Robert Lucas y las huestes de los nuevos clásicos, desaparecieron de los objetivos de análisis las rigidices nominales, la información imperfecta, el dinero, la curva de Phillips y el problema del empleo. La macroeconomía consideró irrelevante ocuparse de los temas financieros dado que ante mercados perfectos y competencia perfecta el dinero desempeña un rol neutral: “es sólo el aceite del sistema, no la grasa”

La retórica de los “nuevos clásicos”


Las posturas que adoptó el FMI desde los años 70 siguieron toda la retórica de los “nuevos clásicos” (Robert Lucas, Thomas Sargent) y consistieron en aplicar los mismos planes de política en todos los países del mundo, desde la libre movilidad de capitales y la ruptura de todas las barreras monetarias que resguardaban a los países, hasta los planes de ajuste y equilibrio estructural. Si un país aplicaba controles de capital era penalizado: la ideología del FMI obligaba a todos los países a resguardsar los principios monetarios (inflación, cuenta corriente, déficit público), y ante cualquier desequilibrio aplicar la llamada “política de shock” para restablecer la normalidad monetaria. El término política de shock fue instaurado por Milton Friedman en los años 70 y se refiere a la retirada masiva de los subsidios estatales, la liberación total del comercio, la eliminación de los controles de precios y la privatización de los activos públicos. En la esencia de esta corriente instaurada por Friedman, “el gobierno es la causa de todos los problemas de la economía, por tanto el gobierno debe reducirse a la menor expresión”. Los caos económicos son culpa de los gobiernos, y si a los gobiernos se les priva de la oportunidad de crear estos caos, la economía funcionará mucho mejor.
El FMI hizo suyas estas ideas: fomentó las privatizaciones y aconsejó las políticas de shock para todas las crisis que ocurrieron en la periferia del mundo desde los años 70. La crisis de los años 80 en América Latina es uno de los más claros ejemplos. En muchos países el desempleo llegó al 30 por ciento, y los salarios se redujeron más de un 50 por ciento. Esto significó una década perdida para América Latina y fue uno de los fenómenos que disparó la brecha de desigualdad. Países que aplicaron estas recetas como Chile, Bolivia y Brasil están hoy entre los más desiguales del mundo.
Uno de los hechos más releventes es que el FMI no previó la actual crisis financiera. Y el documento de Blanchard, leído pocos dìas antes de la quiebra de Lehman y cuando la crisis estaba en pleno desarrollo, demuestra su actitud ligera al señalar que “la macroeconmía está saludable”, mientras el mundo comenzaba a caerse en pedazos. A menos de un mes del texto de Blanchard quebraba Lehman Brothers y la economía mundial se precipitaba al abismo.

Fracasos y pronósticos errados


Esto no se trata de un error menor, sino que es la muestra de un tremendo fracaso. Es como si un cirujano amputa la pierna equivocada o deja el bisturí en el cuerpo del paciente. Por errores de este tipo el común de la gente pierde su puesto de trabajo. Pero en el FMI nadie ha sido despedido por incompetente o por no oler la crisis, que debería ser su función. Es más, el FMI todavía no se da cuenta que ha errado en todos sus pronósticos, y que en cada uno de sus anuncios debe modificar lo que anunció previamente (y siempre para peor, desde luego, el FMI es un oasis de optimismo). El FMI no sólo se equivocó en su estimación de los multiplicadores fiscales, sino que hizo de este error la base de los planes de austeridad y los ajustes presupuestarios. Y aunque más tarde el propio Blanchard reconoció que se habían subestimado los multiplicadores fiscales, y que en algunos casos la aplicación de los planes de austeridad resultaron excesivos (el tratamiento de shock puede matar al paciente), sigue hoy promoviendo más recortes y más austeridad con la “sugerencia” de una bajada de salarios en España. Para el FMI una reducción de salarios es la receta que mejoraría la economía y la volvería saludable. Pero la verdad es que Bajar salarios ¿qué salarios? solo puede hundir más la economía dado que esta medida no ataca los problemas centrales de consumo, demanda e inversión.
El FMI, que a tres años del primer rescate a Grecia tuvo el coraje de admitir que cometió grandes errores en el manejo de la deuda helena, padece hoy de esquizofrenia. Por un lado reconoce que subestimó los efectos negativos de la austeridad sobre el crecimiento, y por otro lado sigue promoviendo la austeridad como receta pro-crecimiento. ¿Quien entiende la receta del FMI? Sus pronósticos resultaron siempre demasiado optimistas y así como estimó un desempleo de 15 por ciento para Grecia en 2012 la tasa real fue de 25 por ciento. Si un ingeniero calcula mal la estructura de un edificio y éste se desploma al más leve temblor, tendrá serios problemas para encontrar un nuevo trabajo en la construcción. Eso debería ocurrirle a los economistas del FMI. Pero nada. En el FMI siguen sin comprender la economía de la crisis.

Comentarios

Entradas populares