FMI y Banco Mundial alertan los peligros de la parálisis fiscal en Estados Unidos

  



Por Marco Antonio Moreno


La incertidumbre presupuestaria en Estados Unidos y los posibles efectos de la paulatina retirada de sus medidas de estímulo monetario, así como la ralentización de los países emergentes y la tímida recuperación de Europa, concentran la atención de la reunión anual del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. “Esencialmente, Estados Unidos estará en la posición de la Eurozona en los últimos años, teniendo que explicar al mundo qué está ocurriendo y por qué no pueden arreglar y organizar sus problemas”, indicó Jacob Kirkegaard, investigador principal del Peterson Institute for International Economics. En esta edición, que comienza la próxima semana, los líderes económicos globales arribarán a Washington con la administración del país anfitrión paralizada por las luchas partidistas en torno del presupuesto federal y la amenaza de una nueva crisis cuando se alcance el tope de deuda, que de no renovarse pondría a Estados Unidos al borde de la suspensión de pagos.

La nueva reunión del FMI y el BM, que se celebrará del 8 al 12 de octubre, tendrá a Estados Unidos en el centro de la atención dada la previsible retirada de las medidas de estímulo por parte de la Reserva Federal, cuyos efectos están empezando a observarse en la salida de flujos de capital de los mercados emergentes, que se muestran nerviosos ante el previsible final del dinero fácil. Por ello, la directora gerente del Fondo, Christine Lagarde, adelantó en una conferencia en la Universidad George Washington, que Estados Unidos debe asumir su “especial responsabilidad”, como primera economía global, a la hora de planear la retirada del programa multimillonario de compra de bonos con el que la Fed inyectó liquidez, y actuar con cautela.

“Mucha gente considera que la política monetaria de Estados Unidos alcanzó un punto de inflexión, donde la salida de las medidas de estímulo no convencionales comenzará en breve. Este giro debe ser gestionado muy cuidadosamente”, recomendó Lagarde.
Otro de los ejes clave será la ralentización de las economías emergentes, entre ellas Brasil, India y Sudáfrica, que habían sido en los últimos años motor del crecimiento global y habían compensado la crisis en los mercados avanzados.
“India y Brasil están registrando los resultados de varios años de malas políticas económicas que han llevado a malos fundamentos económicos, lo que sumado a la incertidumbre política sobre las elecciones y la retirada del estímulo en Estados Unidos, significa que los inversores se están marchando”, afirmó Kirkegaard.
Por último, Europa, la gran protagonista de las últimas reuniones y con tres países aún inmersos en programas de rescate internacional en los que participa el FMI (Grecia, Portugal e Irlanda), aparece en una situación comparativamente menos alarmante. No obstante, es de esperar que continúen los llamados por parte de los otros miembros de la comunidad internacional a que los países europeos aceleren la marcha hacia la definitiva unión bancaria, en pos de una firme estabilidad financiera.

Lagarde ya adelantó la semana pasada que se prevé que la Eurozona vuelva al crecimiento positivo en 2014, en torno del uno por ciento. “Después de seis trimestres de recesión, la región retomó aire la pasada primavera, y el crecimiento debería estar en territorio positivo el próximo año”, indicó la ex ministra de Finanzas de Francia. En menor medida, y de fondo, seguirá la lucha por parte de los emergentes por la aplicación de una reforma de cuotas en el FMI que otorgue mayor peso a las economías en desarrollo en la toma de decisiones dentro del organismo internacional como reflejo de su creciente rol económico. La reforma de cuotas ha perdido impulso. Y esto es algo potencialmente serio, ya que puede complicar la capacidad de actuación del FMI si otra crisis aparece súbitamente.

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